Colombia en 16 días
Colombia es uno de esos países que rompen esquemas. Un lugar donde puedes pasar en pocos días de caminar por ciudades coloniales llenas de color a bañarte en el Caribe colombiano, perderte entre palmeras gigantes en el Eje Cafetero o descubrir una de las ciudades más innovadoras de Latinoamérica.
Si estás pensando en viajar a Colombia y tienes algo más de dos semanas, este itinerario de 16 días es una ruta muy completa para recorrer el país sin ir con prisas excesivas. Es un viaje que combina naturaleza espectacular, historia, cultura local, gastronomía y momentos de puro relax frente al mar.
Durante estas dos semanas largas recorrerás desde la costa caribeña hasta el corazón cafetero del país, pasando por ciudades vibrantes y pequeños pueblos con encanto. Una primera toma de contacto con Colombia que, te aviso, probablemente te dejará con ganas de volver.
En este post te detallo la ruta día a día para que puedas inspirarte, adaptarla a tu ritmo o utilizarla tal cual si estás organizando tu propio viaje.
Resumen del contenido
CONSEJOS PRÁCTICOS ANTES DE VIAJAR
1. Visado
Si viajas desde España y tu estancia es inferior a 90 días, no necesitas visado para entrar en Colombia como turista. Solo necesitarás el pasaporte en vigor.
Aun así, te recomiendo consultar siempre fuentes oficiales (embajada o Ministerio de Asuntos Exteriores) antes de viajar, por si hubiera cualquier cambio en los requisitos.
2. Seguro médico de viaje
Viajar fuera de Europa sin seguro médico de viaje no es algo que yo contemple.
Aunque muchas veces lo asociamos solo a la parte médica, un buen seguro no cubre únicamente asistencia sanitaria. También incluye cosas como cancelaciones, retrasos de vuelos, pérdida o robo de equipaje y otros imprevistos que pueden surgir durante el viaje.
En un destino como Colombia, donde vas a moverte bastante entre ciudades y probablemente coger varios vuelos internos, para mí es una tranquilidad extra saber que cualquier problema está cubierto.
Yo siempre viajo con seguro y en el post Por qué siempre viajo con seguro de viaje explico por qué para mí es imprescindible contratarlo cada vez que salgo del país.
3. Internet / datos móviles
Tener internet nada más aterrizar facilita muchísimo las cosas: pedir transporte, consultar mapas, contactar con el alojamiento o revisar reservas.
Tener internet nada más aterrizar en Colombia marca la diferencia, sobre todo si llegas de noche o a una ciudad grande.
Poder pedir un Uber, consultar la dirección del alojamiento, avisar de que has llegado o mirar el mapa sin depender del wifi del aeropuerto da muchísima tranquilidad.
Yo suelo viajar con Holafly porque me permite comprar la eSIM antes de salir de casa, activarla al aterrizar y tener datos desde el primer minuto, sin tener que buscar tiendas ni hacer colas. Además, en muchos destinos ofrecen datos ilimitados, lo cual viene genial en un viaje como este, donde vas a usar bastante Google Maps, pedir transporte y consultar reservas constantemente.
Es verdad que también puedes comprar una SIM local en el aeropuerto o en tiendas oficiales una vez allí, y puede ser buena opción si tu móvil no admite eSIM. Pero personalmente prefiero llegar ya conectada y no tener que preocuparme de nada más después de un vuelo largo.
4. Moneda y cómo pagar
La moneda oficial es el peso colombiano (COP) y, aunque en ciudades grandes y zonas turísticas podrás pagar con tarjeta en la mayoría de hoteles y restaurantes, en Colombia sigue siendo bastante habitual utilizar efectivo, especialmente en negocios pequeños, excursiones locales, taxis o en zonas menos urbanas. En algunos lugares no aceptan tarjeta directamente y en otros pueden aplicarte comisión por usarla, por lo que depender únicamente del pago con tarjeta no siempre es buena idea.
Mi recomendación es combinar ambos métodos: viajar con una tarjeta que no cobre comisión por pago o retirada en el extranjero y, además, llevar euros en efectivo para cambiarlos allí, ya que en muchas casas de cambio el tipo es mejor que en el aeropuerto. De esta manera tendrás más flexibilidad durante el viaje y evitarás complicaciones si en algún momento solo aceptan efectivo.
5. Vacunas
Dependiendo de las zonas que vayas a visitar, puede recomendarse la vacuna de la fiebre amarilla, especialmente si viajas a regiones tropicales o a islas como San Andrés.
En mi caso, me la pidieron para ciertas zonas del viaje, así que lo mejor es consultar con un centro de vacunación internacional antes de viajar para que te indiquen qué es recomendable según tu ruta concreta.
6. Clima y mejor época
Colombia tiene clima tropical en muchas de sus regiones, especialmente en la zona del Caribe colombiano.
Esto significa que, aunque la temperatura ronde los 30 grados, la humedad es muy alta (a veces superior al 80%), y la sensación térmica puede ser bastante intensa. Hay días en los que literalmente estás sudando sin hacer nada.
Yo viajé en agosto. No es considerada la mejor época en todas las zonas, y además anochece relativamente pronto durante todo el año (al estar cerca del ecuador, la diferencia entre estaciones no es tan marcada como en Europa).
Mi consejo: ropa ligera, transpirable y asumir que el clima forma parte de la experiencia.
7. Otros consejos
En Colombia se utilizan enchufes tipo A y B, los mismos que en Estados Unidos, por lo que si viajas desde Europa necesitarás adaptador de corriente. Es un detalle fácil de pasar por alto cuando preparas la maleta, pero bastante importante, sobre todo si dependes del móvil para moverte, consultar mapas o llevar tus reservas.
Yo suelo llevar siempre un adaptador universal, así me sirve para cualquier viaje fuera de Europa y no tengo que estar comprando uno distinto cada vez. Además, si viajas con varios dispositivos (móvil, cámara, power bank, portátil), puede ser útil llevar una pequeña regleta o un adaptador con varias entradas, ya que no todos los alojamientos tienen muchos enchufes disponibles.
ITINERARIO DÍA A DÍA
A continuación te detallo nuestra ruta por Colombia día a día, tal y como la hicimos nosotras. No es un itinerario perfecto ni milimétrico, pero sí muy real, con cambios de planes incluidos, decisiones sobre la marcha y ese punto de improvisación que muchas veces forma parte del viaje.
Día 1: Vuelo y llegada a San Andrés
Salimos de España pasada la medianoche y llegamos de madrugada a Bogotá, donde simplemente hicimos escala sin salir del aeropuerto. A primera hora de la mañana enlazamos directamente con el vuelo hacia San Andrés, así que prácticamente fue bajar de un avión y subir a otro.
Antes de embarcar hacia la isla tuvimos que pagar la tasa turística obligatoria para entrar en San Andrés. Se paga en el propio aeropuerto y te dan un resguardo que debes guardar, porque al llegar te lo piden junto con el pasaporte. En nuestro caso, también nos solicitaron la cartilla de vacunación de la fiebre amarilla, así que es importante llevarla a mano.
Nada más bajar del avión nos golpeó el calor húmedo del Caribe. No era solo temperatura, era esa sensación de humedad intensa que hace que el aire pese. De hecho, cada vez que salíamos del alojamiento a la calle, las gafas se nos empañaban al instante.
Cogimos un taxi hasta el alojamiento, dejamos las mochilas y salimos andando hacia Spratt Bight, bordeando la costa. Comimos por esa zona, pasamos un buen rato en la playa y después nos tomamos un café en un local de Juan Valdez, que vendría a ser algo así como el “Starbucks colombiano”, pero con café nacional y bastante más auténtico.
Después del café hicimos algunas compras básicas que necesitábamos, regresamos al alojamiento para ducharnos y arreglarnos, y por la noche volvimos a salir a cenar por el centro. Como el alojamiento tenía piscina y aún era temprano cuando volvimos por la tarde, incluso nos dio tiempo a darnos otro baño antes de prepararnos. Así empezó nuestra aventura en el Caribe colombiano.
Playa Spratt Bight con Johny Cay al fondo
Día 2: Vuelta a la isla en mulita y tormenta tropical
El segundo día alquilamos una mulita, el buggy típico con el que se recorre la isla, y comenzamos la vuelta en sentido antihorario. La primera parada fue en una piscina natural de pago, donde pudimos bañarnos, tirarnos desde un pequeño trampolín y disfrutar del agua transparente con algunos peces alrededor. Fue una parada muy divertida y totalmente recomendable.
Después seguimos hasta el Hoyo Soplador, que sinceramente nos pareció bastante prescindible. Si el mar no tiene suficiente fuerza, el famoso “soplido” apenas se ve, y además la zona está llena de puestos donde constantemente intentan que compres algo, lo que hace que la experiencia resulte un poco agobiante.
Continuamos hacia Cocoplum Beach para comer, donde por cierto se come muy bien, y justo allí nos sorprendió una tormenta tropical bastante fuerte. La lluvia fue intensa durante toda la tarde, así que tras comer retomamos la ruta rápidamente hasta regresar a San Andrés. Pasamos por el supermercado para comprar snacks y algo para cenar por si la tormenta continuaba, y efectivamente, el diluvio nos acompañó el resto del día y buena parte de la noche.
Vuelta a la isla con la "mulita"
Día 3: Lluvia, decisiones y Rocky Cay
Después de una noche entera de lluvia tropical, amanecimos con el cielo todavía gris y todas las excursiones canceladas, incluida la del acuario que teníamos en mente. En lugar de quedarnos sin hacer nada, volvimos a alquilar la mulita y repetimos la vuelta a la isla, aunque el día no acompañara demasiado.
Paramos en la zona del paseo de las palmeras para hacer algunas fotos pendientes y completamos la ruta bastante rápido, ya que el tiempo no invitaba demasiado a bañarse. Regresamos a San Andrés para comer y, mientras estábamos allí, viendo que el pronóstico no mejoraba y que aún nos quedaban varios días en la isla, tomamos una decisión importante.
En un principio teníamos previsto quedarnos un día más, pero como el mal tiempo parecía persistente y la mayoría de planes dependían del mar y las excursiones en barco, decidimos adelantar nuestro vuelo a Cartagena. Preferíamos aprovechar mejor los días en el continente que quedarnos dando vueltas por la isla bajo la lluvia.
Aun así, esa tarde, cuando empezaron a abrirse algunos claros, volvimos hacia la zona de Cocoplum Beach para intentar exprimir lo que quedaba del día. Desde allí cruzamos hasta Rocky Cay, una pequeña islita frente a la costa a la que se puede llegar andando si la marea está baja o nadando si cubre un poco más. Está muy cerca y normalmente no tiene dificultad si el mar está tranquilo.
Esa fue nuestra última tarde en San Andrés. Por la noche salimos a cenar y al día siguiente por la mañana volamos hacia el continente, rumbo a Cartagena de Indias.
"Mulas" en el paseo de las palmeras
Día 4: Llegada a Cartagena de indias y primeras impresiones
Amanecimos en San Andrés y, después de hacer la maleta, nos fuimos al aeropuerto para volar rumbo al continente. Sobre el mediodía aterrizamos en Cartagena de Indias y nos dirigimos directamente al alojamiento que habíamos reservado tras adelantar los vuelos.
Como todavía no teníamos la habitación disponible, dejamos las mochilas y salimos a dar nuestro primer paseo por Getsemaní, el barrio donde nos alojábamos esos días. Fue una primera toma de contacto perfecta: murales de colores, balcones coloniales, música en cada esquina y un ambiente caribeño muy animado. Se notaba enseguida que Cartagena tenía una energía completamente distinta a la de la isla.
Aprovechamos también para cambiar dinero en una casa de cambio que nos recomendó el taxista y que terminó siendo el mejor tipo de cambio que encontramos en todo el viaje. Después, siguiendo recomendaciones locales, fuimos a comer a un restaurante del barrio con una relación calidad-precio buenísima.
Tras comer seguimos paseando por Getsemaní hasta que ya pudimos entrar en la habitación, ducharnos y descansar un rato antes de salir de nuevo por la tarde, esta vez hacia el centro histórico. Cruzamos el Parque Centenario y continuamos hasta la emblemática Torre del Reloj y la Plaza de los Coches, una de las entradas más icónicas de la ciudad amurallada.
Para hacer una pausa subimos a un rooftop con vistas a la Torre del Reloj, donde nos hidratamos con agua de coco bien fría mientras un DJ ponía música de fondo. Desde allí vimos cómo caía la noche sobre la ciudad -algo que ocurre bastante pronto, alrededor de las seis de la tarde- y empezaban a encenderse las luces del casco antiguo.
Después bajamos a callejear sin rumbo por las calles del centro, descubriendo plazas, fachadas coloniales y tiendas preciosas. Cartagena de noche tiene un encanto especial, con música en vivo en algunas esquinas y mucha vida en las terrazas.
Terminamos el día de vuelta en Getsemaní, cenando unas arepas enormes y contundentes en Colombitalia Arepas, perfectas para cerrar nuestro primer día en la ciudad.
Palenquera por las calles de Cartagena
Día 5: Free tour por Cartagena y atardecer en las murallas
Ese día teníamos reservado un free tour por Cartagena, así que empezamos la mañana desayunando en nuestro restaurante de confianza en Getsemaní, Viva Restaurante, donde acabaríamos repitiendo varias veces durante nuestra estancia.
Desde allí caminamos hasta la Plaza de los Coches, punto de inicio del tour. Durante varias horas recorrimos algunos de los lugares más emblemáticos de Cartagena de Indias mientras el guía nos explicaba la historia colonial de la ciudad y su importancia estratégica en el Caribe.
Pasamos por lugares como la Plaza de la Aduana, la Plaza de San Pedro Claver, el Parque Centenario, el Baluarte de San Ignacio de Loyola, la Plaza de Bolívar y la Catedral de Santa Catalina de Alejandría. Fue una forma muy buena de entender la historia de la ciudad mientras caminábamos por sus calles.
Eso sí, algo importante: el calor y la humedad en Cartagena son intensos, así que es fundamental llevar agua y mantenerse hidratado durante el recorrido.
Después del tour volvimos a Getsemaní para comer y descansar un rato. Por la tarde nos acercamos a La Serrezuela, un antiguo coso taurino reconvertido en centro comercial, atravesando el bonito barrio de San Diego.
Uno de los momentos más especiales del día fue el atardecer en las murallas de Cartagena, donde mucha gente se reúne para volar cometas. Nosotras alquilamos una y nos unimos al plan mientras el cielo se teñía de tonos anaranjados.
Al anochecer volvimos a callejear por el centro histórico y terminamos el día cenando en San Valentín Restaurante, un italiano muy animado con música en directo.
Calles del centro de Cartagena
Día 6: Excursión a islas del Rosario y plancton bioluminiscente
El sexto día lo dedicamos a una de las excursiones más populares desde Cartagena de Indias: la visita a las Islas del Rosario. La contratamos el día anterior en el centro y elegimos la opción de cinco islas con actividad de plancton bioluminiscente.
La excursión se realiza en lancha rápida, con varias paradas en diferentes puntos del archipiélago. Una de las primeras fue el Oceanario Islas del Rosario, donde algunas personas del grupo entraron a visitar las instalaciones mientras otros aprovechamos para hacer snorkel.
También paramos en una isla más tranquila con hamacas y agua clara, donde pudimos bañarnos y descansar un rato.
La parada para comer fue en Playa Blanca, en Barú, una zona bastante concurrida con varios beach clubs. Aquí se incluía un bono para la comida, suficiente para un plato sencillo y bebida.
En nuestro caso nos quedamos hasta la noche porque habíamos contratado la experiencia del plancton bioluminiscente. Cuando cayó el sol nos llevaron en barca hasta la zona donde se puede observar este fenómeno natural, y al mover el agua con las manos o los pies aparecían destellos de luz azulada.
El regreso fue ya completamente de noche, volviendo primero a Playa Blanca y después en transporte hasta Cartagena. Fue una excursión intensa y con sensaciones algo mezcladas, pero la experiencia del plancton resultó muy curiosa.
Playa privada durante la excursión a Islas del Rosario
Día 7: Último día en Cartagena
Nuestro último día en Cartagena de Indias lo dedicamos a disfrutar la ciudad sin prisas. Después de varios días bastante intensos, decidimos tomárnoslo con calma paseando de nuevo por el barrio de San Diego, entrando en alguna cafetería y recorriendo calles que ya nos resultaban familiares.
Caminamos también por la zona del Parque Apolo en dirección hacia Marbella, donde se percibe una cara más local de la ciudad. Más tarde nos acercamos hasta el imponente Castillo de San Felipe de Barajas, uno de los lugares más visitados de Cartagena. Sin embargo, era mediodía y el sol caía con bastante fuerza, así que decidimos verlo desde abajo y dejar la visita interior para otra ocasión.
Justo enfrente hicimos una pequeña parada en ChocoMuseo Cartagena, donde aprovechamos para refrescarnos un poco y descubrir más sobre el chocolate colombiano.
Después regresamos a Getsemaní, uno de los barrios que más nos gustó de la ciudad. Nos perdimos otra vez por sus calles llenas de arte urbano, murales de colores y pequeñas galerías de artistas locales, disfrutando del ambiente creativo que tiene esta zona.
Por la tarde volvimos al centro histórico, donde cerca de la Torre del Reloj y la Catedral de Santa Catalina de Alejandría coincidimos con varios grupos bailando música tradicional. Fue una forma muy bonita de despedirnos de Cartagena.
Terminamos el día comprando algunos souvenirs, dándonos un último baño en la piscina del alojamiento y descansando antes del madrugón del día siguiente. Nuestro próximo destino sería uno de los lugares naturales más espectaculares del país: el Parque Nacional Natural Tayrona.
Plaza de la Catedral de Cartagena
Día 8: Llegada al Parque Tayrona
Después de varios días en Cartagena de Indias, tocaba cambiar completamente de escenario y adentrarnos en la naturaleza del Parque Nacional Natural Tayrona.
Estuvimos valorando distintas opciones para llegar —bus hasta Santa Marta, combinar transportes o usar Uber— pero finalmente negociamos el precio con un conductor privado que nos recogió a las seis de la mañana en Cartagena. El trayecto duró unas cinco horas, con alguna parada para descansar. De camino pasamos por Barranquilla, donde vimos brevemente las estatuas de Shakira y Sofía Vergara antes de continuar hacia la costa.
Accedimos al parque por la entrada de El Zaino, donde hay que pagar la entrada y también un seguro obligatorio del parque, incluso si ya viajas con tu propio seguro. Allí te colocan una pulsera que cubre los días de estancia.
Nuestro alojamiento era el Hotel Zirumake, situado cerca de la entrada del parque. Las habitaciones eran cabañas de madera integradas en plena selva, rodeadas de naturaleza y con pájaros y loros volando alrededor, lo que hacía que la experiencia empezara de una forma muy especial.
Después de dejar las mochilas cogimos las minifurgonetas internas del parque, que ahorran el primer tramo del recorrido, y empezamos la caminata hacia la zona de Cañaveral. El sendero atraviesa vegetación densa y ya te mete de lleno en el ambiente selvático del Tayrona.
Paramos a comer en el restaurante de la zona de Playa Cañaveral y después bajamos a una pequeña playa cercana, entre Cañaveral y Castilletes, donde pudimos darnos un baño tranquilo. Conviene recordar que no todas las playas del parque son aptas para el baño por las corrientes, así que es importante informarse antes.
Al caer la tarde regresamos al alojamiento. Entre caminatas, calor húmedo y selva alrededor, fue un día bastante activo pero también muy especial.
Por la noche cenamos en el hotel y compartimos un rato con la familia local que lo gestionaba y con otros viajeros. Terminamos el día brindando con unos guaros y charlando en medio de la selva, con los sonidos de la naturaleza de fondo. Una primera noche muy especial en Tayrona.
Playa "La piscinita"
Día 9: Ruta de playas en Tayrona
Este era nuestro último día en el Parque Nacional Natural Tayrona, así que queríamos aprovechar las pocas horas que teníamos para visitar una de sus playas más famosas: Cabo San Juan.
Salimos temprano del hotel y caminamos hasta la carretera principal, donde cogimos la minifurgoneta interna del parque que recorre el primer tramo hasta la zona de camping, desde donde empieza la caminata hacia las playas.
Hicimos el recorrido a pie, atravesando senderos de selva densa, con el sonido constante de los insectos y el mar de fondo. Durante el trayecto se pasan varios puntos conocidos del parque, como Cañaveral, Arrecifes o La Piscina, además de pequeños puestos donde comprar bebidas, algo muy útil con el calor y la humedad de la zona.
Tras unas dos horas caminando llegamos a Cabo San Juan, probablemente la imagen más icónica del Tayrona. Las dos playas están separadas por una pequeña colina con un mirador desde el que se obtienen unas vistas espectaculares de ambas bahías. Subimos primero al mirador y después bajamos a la playa para darnos un baño y descansar un rato.
En el camino de regreso empezamos caminando, pero para ahorrar tiempo hicimos parte del trayecto a caballo desde la zona de La Piscina, lo que nos permitió evitar el tramo más largo del sendero.
De vuelta en el alojamiento, aunque ya habíamos hecho el check-out, nos dejaron ducharnos y cambiarnos con tranquilidad antes de comer algo rápido. Después el propio hotel nos ayudó a organizar el traslado hasta el aeropuerto de Santa Marta, un trayecto de aproximadamente una hora.
Desde allí tomamos el vuelo hacia Medellín, donde empezaríamos una etapa completamente diferente del viaje.
Vistas durante el recorrido hasta Cabo San Juan
Día 10: Primer día en Medellín
Amanecimos ya en Medellín, capital del departamento de Antioquia y una de las ciudades que más curiosidad nos despertaban del viaje. Nuestra primera parada fue la Plaza Botero, a la que llegamos en Uber.
En esta plaza se encuentran varias de las esculturas más conocidas de Fernando Botero, con sus formas voluminosas tan características. Allí mismo se sitúan también el Palacio de la Cultura Rafael Uribe Uribe y el Museo de Antioquia, formando uno de los conjuntos culturales más importantes del centro de la ciudad.
Desde allí caminamos hacia el Parque Bolívar y la Catedral Metropolitana de Medellín. Coincidimos en domingo y, en una de las avenidas cercanas a Plaza Botero, había un mercado con muchísimos puestos y bastante ambiente. No tuvimos ningún problema, pero el entorno era algo más caótico que otros días, así que conviene moverse con atención y sentido común.
Después cogimos un Uber hasta el Pueblito Paisa, situado en el Cerro Nutibara. Es una recreación de un pueblo tradicional paisa, con casitas típicas, iglesia y plaza central, además de unas vistas panorámicas muy bonitas de Medellín. Aprovechamos para comer allí mientras disfrutábamos del paisaje de la ciudad rodeada de montañas.
Por la tarde bajamos hacia el Parque de los Pies Descalzos y pasamos junto al Teatro Metropolitano José Gutiérrez Gómez, una zona más moderna y abierta que contrasta bastante con el centro histórico.
Al caer la tarde nos dirigimos hacia Provenza, en el barrio de El Poblado, una de las zonas más animadas para salir en Medellín. Árboles iluminados, bares llenos y música en cada esquina crean un ambiente muy animado. Paseamos por la zona, tomamos algo y más tarde regresamos al apartamento para cambiarnos.
Por la noche volvimos a Provenza para ver el ambiente nocturno y experimentar un poco la famosa rumba en Medallo. Lo pasamos bien, aunque también nos dio la sensación de que es una zona bastante turistificada. La rumba más auténtica, la que frecuentan más los propios colombianos, suele encontrarse en otros barrios menos conocidos.
Así terminó nuestro primer día en Medellín, una ciudad con una energía muy distinta a todo lo que habíamos visto hasta ese momento.
Pueblito Paisa en Medellín
Día 11: Comuna 13 y atardecer en el metrocable
El siguiente día lo dedicamos a uno de los lugares más simbólicos de Medellín: la Comuna 13.
Desayunamos con calma y nos dirigimos hasta la estación de San Javier, punto de encuentro habitual para los tours. Desde allí comenzó nuestra visita guiada por el barrio.
Durante el recorrido caminamos por sus calles mientras el guía —vecino de la zona— nos explicaba la historia reciente de la Comuna 13, marcada por la violencia y las operaciones militares que transformaron el barrio hace no tantos años. Fue una visita muy interesante porque permitió entender cómo ha cambiado la zona y cómo el arte urbano y los grafitis se han convertido en símbolos de esa transformación.
El tour terminó en la parte más conocida del barrio, donde se encuentran las escaleras eléctricas y los murales más famosos, una zona llena de color, música y puestos de comida.
(Si quieres conocer mejor esta experiencia, tengo un post específico donde cuento con detalle cómo es el tour por la Comuna 13 y todo lo que aprendimos allí.)
Después fuimos a comer y por la tarde decidimos probar otra de las experiencias más características de la ciudad: el metrocable de Medellín. Subimos desde la estación de San Javier y, a medida que el teleférico asciende por las colinas, se pueden ver las diferentes comunas extendiéndose por las montañas. Lo hicimos al atardecer y continuamos hasta que anocheció, así que pudimos ver Medellín iluminándose poco a poco desde las alturas, una de las vistas más impresionantes de la ciudad.
Por la noche nos acercamos a Laureles, un barrio que nos habían recomendado para salir porque tiene un ambiente más local que Provenza. Paseamos por la zona, cenamos tranquilamente y regresamos al apartamento después de un día muy completo.
Medellín desde Santa Margarita
Día 12: Guatapé, Piedra del Peñol y largo trayecto hacia Manizales
Este día marcó el inicio de nuestra etapa en coche. A primera hora recogimos el vehículo que nos acompañaría durante el resto del viaje y pusimos rumbo a uno de los lugares más conocidos cerca de Medellín: la Piedra del Peñol.
El trayecto hasta Guatapé dura aproximadamente una hora y media, dependiendo del tráfico. Al llegar aparcamos en el parking habilitado y nos enfrentamos a las famosas más de 700 escaleras que llevan hasta la cima del peñón. La subida es exigente, pero totalmente asumible si te lo tomas con calma, y las vistas desde arriba merecen cada escalón: un paisaje de lagos y montañas verdes que parece casi irreal, con el embalse extendiéndose en todas direcciones.
Después de bajar, nos dirigimos al pueblo de Guatapé para comer. Es un lugar muy pintoresco, conocido por sus casas de colores y zócalos decorados, con escenas y relieves en la parte inferior de las fachadas. Pasear por sus calles fue un contraste total con la mañana más natural y panorámica.
Tras la visita, iniciamos el trayecto hacia nuestro siguiente destino: Manizales. Aquí comenzó la parte más pesada del día. El recorrido era largo -más de siete horas en carretera- y además tuvimos que volver a atravesar Medellín, donde nos encontramos con bastante tráfico. Entre el atasco y que se nos hizo de noche, el viaje se alargó más de lo esperado.
Fue un día bonito por la mañana, pero muy intenso en carretera por la tarde. Si volviera a organizar la ruta, probablemente dedicaría un día completo solo a Guatapé y haría noche cerca de Medellín o a mitad de camino, dejando el trayecto hacia el Eje Cafetero para el día siguiente. A veces los mapas engañan y las distancias en Colombia, aunque no parezcan enormes, pueden hacerse bastante largas.
Llegamos a Manizales ya de noche, cansadas pero listas para empezar la etapa más verde del viaje.
Vistas desde la cima de la Piedra del Peñol
Día 13: Manizales, pueblos con encanto y llegada a Salento
Amanecimos en una finca cafetera espectacular, rodeadas de verde y con unas vistas increíbles a las montañas. El alojamiento era precioso, en medio del bosque, con esa sensación de tranquilidad absoluta que solo se encuentra en el Eje Cafetero.
Por la mañana nos acercamos al centro de Manizales para dar un pequeño paseo por la Plaza de Bolívar y ver su imponente Catedral Basílica Metropolitana de Nuestra Señora del Rosario, uno de los edificios más representativos de la ciudad.
Después pusimos rumbo hacia el famoso cafetal de Finca Venecia, conocido también como el Cafetal La Gaviota, que se hizo popular por aparecer en una serie de Netflix. Nuestra idea era verlo por libre, pero la casa donde se realizaron las grabaciones solo puede visitarse mediante tour, ya que funciona como alojamiento real. Aun así, pudimos acercarnos a los cafetales y disfrutar del entorno rural.
Desde allí comenzamos nuestra ruta por algunos de los pueblos más pintorescos del Eje Cafetero. El primero fue Filandia, que nos pareció absolutamente encantador. Casas de colores vivos, balcones decorados y una plaza central muy cuidada que invita a pasear sin rumbo.
Más tarde continuamos hasta Salento, donde nos alojaríamos esa noche. Dejamos las mochilas en el alojamiento -también precioso y muy acogedor- y salimos a descubrir el pueblo. Salento es famoso por sus fachadas coloridas, su ambiente relajado y su conocida calle principal, llena de pequeñas tiendas de artesanía, souvenirs y productos locales.
Paseamos por la zona de la plaza central y por la calle más animada, disfrutando del ambiente tranquilo de la tarde, antes de regresar al alojamiento para descansar. Fue un día más pausado, perfecto para empaparse del carácter y la estética del Eje Cafetero antes de la caminata estrella del día siguiente.
Willy's en Filandia
Día 14: Valle del Cocora
Este día lo dedicamos a uno de los lugares más famosos del Eje Cafetero: el espectacular Valle del Cocora.
Fuimos en nuestro propio coche desde Salento, aunque si no tienes vehículo desde la plaza principal salen constantemente los tradicionales jeeps Willys, que también forman parte de la experiencia. Compramos la entrada allí mismo y decidimos hacer la ruta corta, que lleva hasta el mirador principal de las palmeras.
El Valle del Cocora es famoso por sus palmas de cera, el árbol nacional de Colombia y una de las palmeras más altas del mundo, que pueden superar los 50 metros de altura. Verlas dispersas por el valle crea uno de los paisajes más icónicos del país.
Durante el recorrido encontramos varios miradores y zonas preparadas para fotografías, además de algunos puntos más turísticos con columpios y estructuras para fotos. Aunque esa parte es más “instagrameable”, el entorno natural sigue siendo impresionante.
Cuando terminamos la ruta fuimos a comer a Donde Laurita, un restaurante muy popular en la zona donde comimos muy bien.
Por la tarde regresamos a nuestro alojamiento cerca de Salento y aprovechamos para descansar junto a un pequeño río que pasaba cerca, metiendo los pies en el agua después de la caminata.
Por la noche volvimos al pueblo para cenar y dar un último paseo por sus calles llenas de color antes de continuar la ruta al día siguiente.
Valle del Cocora
Día 15: Experiencia cafetera auténtica y traslado a Armenia
Ese día lo dedicamos a conocer una finca cafetera tradicional en pleno Eje Cafetero. Visitamos la finca de Don Leo, una experiencia muy especial porque, más que un tour turístico, fue una conversación cercana sobre la vida en el campo colombiano y la historia del café en la región.
Durante la visita nos explicaron cómo funciona una finca cafetera familiar, pudimos ver los cafetales, conocer parte del proceso del café y probar una taza preparada allí mismo mientras escuchábamos la historia de la finca y de su dueño. También nos enseñaron cómo combinan el café con otros cultivos como cacao o aguacates para aprovechar mejor el terreno.
La experiencia terminó con comida colombiana casera, preparada allí mismo, que fue el cierre perfecto para la visita.
Por la tarde continuamos la ruta hacia Armenia. De camino hicimos una breve parada en Pijao, otro pequeño pueblo del Eje Cafetero que también tiene su encanto, aunque después de haber visitado Salento no nos sorprendió tanto.
Finalmente llegamos a Armenia, nos instalamos en el alojamiento y aprovechamos la piscina para descansar un rato después de varios días muy intensos. Por la noche salimos a cenar al centro y regresamos temprano para descansar antes del último día del viaje.
Finca cafetera en Buenavista
Día 16: Regreso vía Bogotá y despedida de Colombia
Nuestro último día en Colombia amaneció tranquilo en Armenia. Aprovechamos la mañana con calma en el alojamiento, disfrutando un poco más del entorno antes de empezar el regreso. Era ese momento del viaje en el que ya sabes que todo se está acabando y empiezas a repasar mentalmente cada etapa.
Después nos dirigimos al Aeropuerto Internacional El Edén para tomar el vuelo hacia Bogotá, donde pasaríamos la última noche antes de volver a casa. Antes de embarcar comimos en la zona comercial cercana al aeropuerto, conocida como El Edén, donde hay varias opciones de comida y resulta práctico para hacer una última parada tranquila.
Al llegar a Bogotá nos trasladamos directamente al alojamiento, que habíamos reservado cerca del aeropuerto para evitar complicaciones al día siguiente. Cenamos algo sencillo, organizamos el equipaje y nos fuimos a dormir pronto, ya que el vuelo de regreso salía a primera hora de la mañana.
Fue un final relajado para un viaje muy completo, con la sensación de haber recorrido en poco más de dos semanas Caribe, selva, ciudades vibrantes y el corazón cafetero de Colombia.
Nuestro alojamiento en Armenia
MAPA
Para que puedas visualizar mejor el recorrido, aquí te dejo el mapa con la ruta completa del viaje por Colombia.
¿MERECE LA PENA RECORRER COLOMBIA EN 16 DÍAS?
Después de este viaje puedo decir que Colombia me pareció un país increíblemente completo. En poco más de dos semanas pasamos de islas caribeñas como San Andrés a ciudades coloniales como Cartagena, caminamos por la selva del Parque Tayrona, descubrimos la energía de Medellín y terminamos rodeadas de naturaleza en el Eje Cafetero.
Es un país muy diverso y cada región tiene una personalidad completamente distinta. También es importante tener en cuenta que las distancias son largas y los trayectos pueden llevar más tiempo del que parece, así que es un destino que conviene planificar con cierta flexibilidad.
Mirando el viaje con perspectiva, seguramente cambiaría algunos pequeños detalles del itinerario si volviera a organizarlo: por ejemplo, aprovechar mejor algún día del final del viaje o dedicar algo de tiempo a conocer Bogotá, que en nuestro caso solo utilizamos como punto de entrada y salida.
Aun así, esta ruta nos permitió descubrir muchos lugares diferentes y vivir experiencias muy variadas. Personalmente, me quedo con la sensación de que Colombia es un país al que todavía me queda mucho por explorar.
Sin duda, es un destino al que volvería.