RUTA POR NORUEGA EN 14 DÍAS : DE OSLO A CABO NORTE
Hay viajes que llevas tiempo imaginando, y este era uno de ellos. En nuestro caso, además, tenía un significado especial: cumplir el sueño de mi madre de viajar a Noruega, ver sus impresionantes fiordos y llegar hasta el mítico Nordkapp, uno de los lugares más al norte de Europa y todo un símbolo para muchos viajeros.
Así que organizamos una ruta bastante intensa que nos llevó a recorrer el país prácticamente de sur a norte durante dos semanas. Fue un viaje con muchas horas de coche, varios vuelos internos y bastantes kilómetros, pero también con algunos de los paisajes más espectaculares que he visto nunca: fiordos imposibles, carreteras panorámicas, pequeños pueblos pesqueros y lugares tan increíbles como las Islas Lofoten.
En este post te cuento el itinerario completo de nuestro viaje de 14 días por Noruega, con todas las paradas que hicimos, algunos consejos prácticos y varias cosas que haría diferente si volviera a organizar esta ruta.
Y si estás pensando en hacer una ruta por Noruega en 10, 12 o 14 días, este itinerario puede servirte perfectamente como base para planificar tu propio viaje y adaptarlo al tiempo que tengas disponible.
Resumen del contenido
CONSEJOS PRÁCTICOS ANTES DE VIAJAR
1. Visado
Noruega pertenece al espacio Schengen, así que si viajas con DNI o pasaporte español no necesitas visado. Basta con llevar tu documento en vigor.
2. Seguro médico de viaje
Con la Tarjeta Sanitaria Europea tienes cobertura médica básica. Aun así, es muy recomendable contratar seguro de viaje. Noruega es un país muy orientado a la naturaleza y es fácil que hagas excursiones, trekkings o actividades al aire libre. En ese tipo de situaciones, un seguro que cubra rescates, cancelaciones o incidencias con el equipaje puede marcar la diferencia.
3. Internet / datos móviles
Noruega no forma parte de la Unión Europea, pero sí del Espacio Económico Europeo, así que el roaming funciona igual que en España. Puedes usar tus datos móviles sin coste adicional (según las condiciones de tu tarifa).
4. Moneda y cómo pagar
En Noruega no se utiliza el euro, sino la corona noruega (NOK). Aun así, prácticamente no necesitarás efectivo. Se puede pagar todo con tarjeta, incluso cantidades pequeñas. De hecho, es habitual que en muchos sitios ni siquiera acepten efectivo.
5. Idioma
El idioma oficial es el noruego, pero absolutamente todo el mundo habla un inglés perfecto, así que no tendrás ningún problema para comunicarte.
ITINERARIO DE NUESTRA RUTA POR NORUEGA EN 14 DÍAS
A continuación te cuento el itinerario completo de nuestra ruta por Noruega en 14 días, recorriendo el país desde Oslo hasta Cabo Norte.
Día 1: Oslo
Nuestro primer día completo en Oslo empezó con calma. Teníamos reservado un free tour a media mañana, así que hasta entonces simplemente nos dedicamos a pasear por el centro y empezar a descubrir la ciudad a nuestro ritmo.
Una de las cosas que más nos llamó la atención desde el primer momento fue la tranquilidad de Oslo. Calles amplias, mucho espacio, edificios elegantes y esa sensación tan escandinava de orden y calma. Perfecto para empezar el viaje sin prisas.
Decidimos hacer un free tour para tener una primera toma de contacto con la ciudad y entender mejor el país. Durante el recorrido nos hablaron bastante sobre la cultura noruega, su historia reciente y algunas curiosidades de la vida cotidiana. Por ejemplo, algo que nos hizo bastante gracia fue la tradición del “taco fredag”, que literalmente significa “viernes de tacos”. Por influencia de la cultura mexicana, muchas familias noruegas han adoptado la costumbre de cenar tacos los viernes.
El tour comenzó en el Teatro Nacional de Oslo y desde allí caminamos hacia el Ayuntamiento de Oslo, uno de los edificios más importantes de la ciudad porque es donde cada año se entrega el Premio Nobel de la Paz. Muy cerca se encuentra también el Centro Nobel de la Paz.
Continuamos hacia la plaza del ayuntamiento, donde hay una curiosa campana que cualquiera puede tocar, y desde allí nos dirigimos a la Fortaleza de Akershus, uno de los lugares con más historia de Oslo y desde donde ya empiezan a verse buenas vistas del fiordo.
Después caminamos hacia el Storting, el Parlamento noruego. Los alrededores son muy agradables para pasear y desde allí también se pueden ver perspectivas bonitas con el Palacio Real de Oslo al fondo.
La siguiente parada fue la Catedral del Salvador de Oslo, situada en pleno centro de la ciudad. Justo al lado se encuentra el memorial conocido como Iron Roses, dedicado a las víctimas de los atentados del 22 de julio de 2011. Está formado por cientos de rosas de metal que recuerdan las miles de flores que los ciudadanos dejaron frente a la catedral tras el ataque. Es un monumento sencillo pero muy simbólico.
El recorrido terminó en uno de los edificios más icónicos de la ciudad: la Ópera de Oslo. Su diseño es muy curioso porque el tejado es completamente transitable, así que puedes subir caminando hasta lo alto y disfrutar de unas vistas muy bonitas del fiordo y del puerto.
Después entramos en la impresionante Biblioteca Deichman Bjørvika, justo al lado de la ópera. Aunque no seas especialmente fan de las bibliotecas, merece la pena entrar. Es enorme, moderna y muy luminosa, con varios pisos, salas diferentes y espacios muy bien diseñados. Nos pareció un lugar muy curioso.
Por la tarde nos acercamos a Aker Brygge, una zona mucho más moderna junto al fiordo. Aquí el ambiente es muy agradable: terrazas, restaurantes, heladerías y mucha gente paseando junto al agua.
Nos compramos un helado y decidimos hacer algo muy recomendable si tienes un rato libre en Oslo: coger uno de los ferris públicos que recorren las islas del fiordo.
Funciona como cualquier transporte público de la ciudad. Compras el billete en la aplicación de transporte, como si fuera un autobús o metro, y puedes subirte al ferry. El ticket suele durar aproximadamente una hora, que coincide prácticamente con el tiempo que tarda en hacer el recorrido completo sin bajarte.
Durante el trayecto vas pasando por pequeñas islas como Lindøya o Hovedøya, donde se ven casitas de madera de colores y pequeños embarcaderos. Es una forma muy bonita de ver Oslo desde el agua.
También puedes bajarte en cualquiera de las islas y explorarla tranquilamente, pero en ese caso conviene revisar bien los horarios del ferry, porque no pasan constantemente. A veces hay que esperar bastante al siguiente barco.
Nosotros optamos por hacer la vuelta completa sin bajar, disfrutando simplemente del paseo por el fiordo.
Al regresar al muelle, volvimos caminando hacia el centro, cenamos tranquilamente y nos fuimos a descansar. Había sido un primer día perfecto para empezar a conocer Oslo antes de comenzar nuestra ruta hacia los fiordos.
Exterior Ópera de Oslo
Día 2: Ruta hacia Stavanger
El segundo día fue uno de los más largos del viaje, ya que tocaba empezar a desplazarnos hacia la zona de los fiordos. Para ello alquilamos un coche en Oslo y pusimos rumbo hacia Stavanger, donde queríamos dormir para al día siguiente visitar uno de los lugares más famosos del país: el Preikestolen.
El trayecto eran unas siete horas de conducción, así que sabíamos que sería un día principalmente de carretera.
Los primeros kilómetros fueron bastante más normales de lo que imaginábamos. Durante un buen rato la ruta discurre por autovías bastante convencionales, con tramos entre paredes de hormigón y sin los paisajes espectaculares que uno suele asociar a Noruega. Fue un inicio algo monótono, aunque hicimos varias paradas por el camino para estirar las piernas y descansar un poco.
A la hora de comer paramos en Kristiansand, una ciudad costera que ya empezaba a mostrar un ambiente diferente, más cercano al mar y con un paisaje algo más bonito. Aprovechamos para dar una pequeña vuelta por el centro y comer algo antes de continuar la ruta.
Después de la pausa retomamos el camino hacia Stavanger, ya que aún nos quedaban bastantes kilómetros.
Una vez llegamos a Stavanger, dimos un paseo por el centro para estirar un poco las piernas después de tantas horas en el coche. Nos acercamos al puerto, donde están las famosas casitas de colores del muelle -muchas de ellas hoy convertidas en restaurantes- que le dan mucho encanto a la zona.
Desde allí caminamos hacia Fargegaten, una calle bastante animada llena de fachadas de colores, bares, terrazas y banderines. Tiene un ambiente más alternativo y es una de las zonas más curiosas de la ciudad.
Después nos dirigimos hacia Gamle Stavanger, la parte histórica de la ciudad. Aquí el ambiente cambia completamente: calles empedradas, casas antiguas de madera pintadas de blanco y un aire muy tranquilo que recuerda a un antiguo barrio pesquero. Es una zona pequeña pero con muchísimo encanto.
Tras el paseo, volvimos al coche para continuar hasta nuestro alojamiento, que estaba en la zona de Jørpeland, ya que al día siguiente queríamos madrugar para hacer la caminata al Preikestolen.
Para llegar hasta allí hay que atravesar uno de los túneles submarinos más impresionantes de Noruega: el Ryfylketunnelen.
Son casi 15 kilómetros de túnel bajo el fiordo, y lo curioso es que durante buena parte del recorrido la carretera va descendiendo cada vez más. La sensación es bastante peculiar, porque no ves el final y solo puedes pensar que estás conduciendo debajo del mar. Se nos hizo largo, la verdad.
Pero justo al salir del túnel nos llevamos una sorpresa. Había un pequeño aparcamiento junto al fiordo y decidimos parar un momento… y menos mal que lo hicimos.
El cielo estaba regalándonos un atardecer espectacular, de esos que parecen el broche perfecto después de un día largo de carretera. Nos quedamos allí un rato disfrutando del paisaje y del silencio antes de continuar hasta nuestro alojamiento.
Después de hacer unas pequeñas compras para el día siguiente, tocaba descansar. Al día siguiente nos esperaba uno de los lugares más impresionantes de todo el viaje.
Fragegaten, Stavanger
Día 3: Subida a Preikestolen
El tercer día tocaba uno de los momentos más esperados del viaje: la caminata hasta el famoso Preikestolen.
Como nos alojábamos bastante cerca, a unos 15 minutos en coche, decidimos levantarnos temprano para empezar la ruta antes de que llegaran los grupos organizados, excursiones y cruceros que visitan la zona cada día. Sobre las 9:30 de la mañana ya estábamos en el parking del inicio de la ruta preparados para empezar a caminar.
La caminata hasta Preikestolen es de unos 8 km ida y vuelta y suele llevar entre 4 y 5 horas en total, dependiendo del ritmo y de las paradas que hagas por el camino. En nuestro caso estuvimos unas cinco horas aproximadamente, contando la subida, algunas paradas para descansar y hacer fotos, y el tiempo que pasamos arriba disfrutando del paisaje.
El sendero está muy bien marcado, aunque desde el principio la ruta empieza subiendo. Gran parte del recorrido discurre por escalones de roca colocados en la montaña. No son escalones perfectamente regulares: algunos son más altos o irregulares que otros, así que hay que ir con calma y tomárselo con paciencia.
La subida es bastante constante, prácticamente todo el rato ganando altura, por lo que puede resultar algo cansada. Aun así, el camino se hace muy llevadero porque hay diferentes puntos donde parar a descansar y disfrutar de las vistas que van apareciendo a medida que asciendes.
Pero cuando finalmente llegas a la roca… entiendes por qué es uno de los lugares más famosos de Noruega.
Desde arriba las vistas son impresionantes. El fiordo se abre paso entre las montañas dibujando curvas en el paisaje, creando una panorámica espectacular. Pero lo que realmente impacta es el precipicio: si te asomas al borde, la caída es completamente vertical, recta hacia abajo. La sensación de vértigo es bastante fuerte.
Además, cuando nosotros llegamos arriba el viento empezó a soplar con muchísima fuerza. Hubo un momento en el que literalmente tuvimos que avanzar a cuatro patas por la roca, gateando sobre la piedra en la zona más expuesta para evitar que una ráfaga nos hiciera perder el equilibrio. Fue bastante intenso, pero también una experiencia muy memorable.
Después de disfrutar un rato de las vistas y hacer algunas fotos, comenzamos el camino de vuelta. Justo en ese momento empezamos a cruzarnos con muchísima más gente que subía, así que madrugar fue todo un acierto.
La bajada se hace por el mismo sendero que la subida, con cuidado en los tramos de roca, aunque el descenso suele hacerse bastante más rápido.
Una vez abajo, teníamos reservada una sauna junto a un lago de montaña ya que pensamos que después de la caminata podía ser una buena forma de relajarnos.
La sauna estaba situada en plena naturaleza y desde allí se podía salir directamente a bañarse en el lago. El agua estaba heladísima, pero el contraste entre el calor de la sauna y el agua fría fue una experiencia curiosa y bastante típica en los países nórdicos.
Después de relajarnos un rato, nos cambiamos y volvimos al coche para continuar la ruta.
Nuestro siguiente alojamiento estaba en dirección a Bergen, a unas tres horas de distancia, así que todavía nos quedaba un buen tramo de carretera.
En esta parte del viaje el paisaje empezó a cambiar bastante. Las carreteras ya no eran grandes autovías, sino rutas más estrechas que serpenteaban entre montañas y fiordos, subiendo y bajando constantemente. Era justo el tipo de paisaje que uno imagina cuando piensa en Noruega.
Llegamos al alojamiento ya de noche, así que prácticamente no podíamos ver nada del entorno. Solo sabíamos que nos alojábamos en una pequeña cabaña junto al fiordo.
Pero la sorpresa llegó al día siguiente al despertar, cuando por fin pudimos ver el paisaje que nos rodeaba… y era simplemente espectacular.
Preikestolen
Día 4: Bergen
Este día amaneció con una sorpresa increíble. La noche anterior habíamos llegado tan tarde que prácticamente no habíamos podido ver nada del lugar donde nos alojábamos. Solo sabíamos que era una cabaña junto al fiordo.
Pero cuando nos despertamos y abrimos la puerta… el paisaje era espectacular.
Estábamos alojados en una pequeña cabaña pesquera junto al fiordo, con su propio muelle e incluso un pequeño barquito para navegar. El entorno era impresionante: agua completamente tranquila, montañas alrededor y un silencio absoluto. Además, hacía un día estupendo, así que aprovechamos para desayunar con calma disfrutando del paisaje.
Después de pasar un rato explorando un poco los alrededores de la cabaña, tocaba continuar la ruta. Nuestro destino ese día era Bergen, aunque todavía nos quedaban unas tres horas de trayecto.
Durante esta parte del viaje empezamos a notar más claramente algo muy típico cuando conduces por Noruega: para atravesar algunos fiordos es necesario coger ferries para coches. En aplicaciones como Google Maps suelen aparecer los horarios y tiempos de espera, pero es algo a tener en cuenta porque puede modificar un poco el ritmo del viaje.
Una vez llegamos a Bergen, lo primero que hicimos fue subir al Monte Ulriken, el punto más alto de la ciudad. Desde arriba se tienen unas vistas espectaculares de Bergen, del puerto y de las montañas que rodean la zona.
Se puede subir caminando -de hecho es bastante habitual ver a muchos noruegos hacerlo incluso corriendo-. El sendero incluye unos 1.300 escalones aproximadamente, así que es una buena subida.
Nosotros, después de la caminata del día anterior al Preikestolen, decidimos subir cómodamente en el teleférico Ulriken643, que te lleva directamente hasta arriba en pocos minutos.
Desde la cima las vistas son impresionantes. Además del panorama sobre la ciudad, también se ven otros lagos y montañas de los alrededores. Estuvimos allí un rato disfrutando del paisaje antes de volver a bajar.
Después nos dirigimos hacia el centro histórico de Bergen para pasear por sus calles.
Primero pasamos por el puerto, donde se encuentra el famoso mercado de pescado, el Bergen Fish Market. Es una zona bastante animada donde se pueden probar diferentes productos del mar.
Desde allí caminamos hacia uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad: el barrio de Bryggen.
Las famosas casitas de madera de colores alineadas frente al puerto son una de las imágenes más icónicas de Noruega. Pero lo curioso es que también puedes entrar entre ellas y recorrer los pequeños pasillos de madera que hay por detrás, donde se ven las antiguas estructuras del barrio. Hoy en día muchas de estas casas albergan tiendas, galerías, cafeterías y pequeños restaurantes.
Nos sentamos en una cafetería a hacer una pequeña merienda y probar algunos dulces típicos noruegos, mientras descansábamos un rato del paseo.
Después seguimos caminando un poco más por el centro, recorriendo algunas de sus calles empedradas con casitas de madera y ese aire tan característico de ciudad portuaria.
Sin embargo, el tiempo empezó a empeorar bastante y ya era final de la tarde, así que decidimos irnos hacia el alojamiento. Aun así, pudimos disfrutar de unas horas paseando por Bergen, una ciudad con mucho encanto y un ambiente muy especial.
Fue nuestro único momento en Bergen, pero suficiente para hacernos una buena idea de la ciudad antes de continuar la ruta al día siguiente.
Bergen desde el Monte Ulriken
Día 5: Flåm y crucero por Nærøyfjord
El quinto día teníamos dos actividades muy típicas cuando visitas esta zona de Noruega pero que me hacían ilusión: navegar por un fiordo y recorrer uno de los trenes panorámicos más conocidos del país.
Por la mañana salimos desde nuestro alojamiento rumbo a Gudvangen, donde salía el barco que habíamos reservado. Teníamos aproximadamente dos horas y media de trayecto en coche, así que fuimos conduciendo tranquilamente disfrutando del paisaje.
Antes de llegar hicimos una pequeña parada en la cascada Tvindefossen, que vimos prácticamente de pasada desde la carretera. Aun así, aprovechamos para parar un momento, estirar las piernas y hacer alguna foto antes de continuar hacia Gudvangen para no llegar tarde al barco.
Poco después llegamos a Gudvangen y allí ya empezaban a verse claramente los paisajes típicos de los fiordos: montañas muy altas cayendo directamente hacia el agua y el fiordo abriéndose paso entre ellas.
Desde Gudvangen tomamos el barco que recorre el Nærøyfjord, uno de los fiordos más conocidos de Noruega y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El trayecto dura aproximadamente dos horas y conecta Gudvangen con Flåm.
Durante el recorrido puedes ir tanto en el interior del barco como en la cubierta exterior para ir viendo cómo el fiordo se estrecha entre las montañas. A lo largo del trayecto aparecen pequeñas cascadas cayendo por las paredes de roca, algunos pueblecitos aislados y diferentes rincones del fiordo.
En uno de los puntos el barco se acerca bastante a la cascada Lægdafossen para que los pasajeros puedan verla más de cerca.
También hay un momento en el que el fiordo gira ligeramente y aparece al fondo el pequeño pueblo de Undredal, situado a los pies de la montaña.
Una vez llegamos a Flåm, lo siguiente que teníamos previsto era subir al famoso Flåmsbana, uno de los trenes panorámicos más conocidos de Noruega.
Nosotros compramos el billete de ida y vuelta, ya que queríamos simplemente hacer el recorrido panorámico.
El tren conecta Flåm con Myrdal atravesando un paisaje de montaña lleno de ríos, cascadas y pendientes pronunciadas.
Durante el recorrido el tren hace una breve parada en la cascada Kjosfossen. Aquí los pasajeros pueden bajar unos minutos para ver la cascada de cerca mientras suena música y se realiza un pequeño espectáculo.
El trayecto continúa después hasta Myrdal, que realmente es solo una estación en medio de la montaña donde conectan otras líneas ferroviarias.
Desde allí existen diferentes opciones para bajar, como hacerlo en bicicleta, caminando o incluso en tirolina en algunos tramos del recorrido. En nuestro caso, como el tiempo no acompañaba demasiado, decidimos simplemente volver a subir al tren y hacer el trayecto de vuelta hasta Flåm.
Una vez de vuelta en Flåm teníamos que regresar a Gudvangen, donde habíamos dejado el coche.
Existe conexión en autobús entre ambos pueblos, pero en ese momento los horarios no nos encajaban demasiado bien y el tiempo de espera era bastante largo. Finalmente conseguimos un taxi que nos llevó hasta Gudvangen a buen precio.
Desde allí recogimos el coche y continuamos hacia nuestro siguiente alojamiento.
Era una casa bastante grande situada junto a un lago, con terraza y jardín. Como todavía quedaba algo de luz cuando llegamos, aprovechamos para dar un pequeño paseo por los alrededores y disfrutar del paisaje tranquilo del lugar antes de terminar el día.
Gudvangen y Nærøyfjord
Día 6: Geiranger y Trollstigen
El sexto día volvió a ser prácticamente un día entero de carretera, ya que nuestro objetivo era seguir avanzando hacia el norte en dirección a Åndalsnes, donde se encuentra una de las carreteras más famosas del país. Aunque íbamos en dirección a esta zona, en realidad no nos alojaríamos en el propio pueblo, sino en un alojamiento situado más allá de Trollstigen, en plena zona de montaña.
Como el trayecto era bastante largo, decidimos salir temprano para aprovechar bien las horas de luz y no llegar demasiado tarde al alojamiento.
Durante gran parte de la ruta fuimos conduciendo bordeando el impresionante Sognefjord, conocido también como el fiordo de los sueños, que es el más largo y profundo de Noruega. En algunos puntos incluso tuvimos que cruzarlo en ferry, algo muy habitual cuando conduces por esta región, ya que muchas carreteras terminan en el propio fiordo y la única forma de continuar es atravesarlo en barco.
Una de las primeras paradas del día fue en la Hopperstad Stave Church.
Este tipo de iglesias de madera, conocidas como stave churches, son bastante características de Noruega y muy diferentes a las iglesias que solemos ver en España o en la mayor parte de Europa. Están construidas en madera oscura y su arquitectura tiene un estilo muy particular que mezcla influencias medievales y nórdicas, lo que hace que recuerden en cierto modo a construcciones de la época vikinga.
Fue una parada breve, pero muy curiosa porque es un tipo de edificio que no es nada habitual ver fuera de Noruega.
Continuamos después la ruta hacia el norte, atravesando paisajes cada vez más espectaculares, con carreteras que serpenteaban entre montañas, pequeños pueblos y diferentes brazos de fiordo que aparecían constantemente a nuestro lado.
A la hora de comer paramos en Nordfjordeid, un pequeño pueblo situado a orillas del Nordfjord. Allí aprovechamos para hacer una pausa, comer algo y descansar un poco mientras disfrutábamos de las vistas del fiordo.
Durante todo este tramo del viaje el paisaje era realmente bonito, con carreteras que iban bordeando el agua y ofreciendo vistas constantes de montañas y fiordos.
Después de la parada continuamos en dirección a uno de los lugares más conocidos de Noruega: el Geirangerfjord.
En nuestro caso llegábamos desde la zona de Nordfjordeid, por lo que la primera parada fue directamente en la parte alta del fiordo, en el mirador de Flydalsjuvet.
Desde este punto se obtiene una panorámica espectacular del fiordo, con el pueblo de Geiranger al fondo y las montañas rodeando todo el paisaje. Aquí también se encuentra la conocida Queen’s Chair, una especie de asiento de piedra desde donde se puede contemplar toda la vista del fiordo.
Después de parar un rato en el mirador continuamos la carretera descendiendo hacia el pueblo de Geiranger. Durante la bajada hay varios puntos donde se puede parar para ver cascadas y disfrutar de diferentes perspectivas del fiordo mientras te vas acercando poco a poco al nivel del agua.
Una vez atravesamos el pueblo, continuamos la ruta subiendo por otra carretera de montaña con curvas bastante pronunciadas y pendientes fuertes, que asciende por la ladera del fiordo. Casi al final de esa subida se encuentra el mirador de Ørnesvingen, conocido también como el Mirador del Águila, desde donde se obtiene otra perspectiva del fiordo y del pueblo visto desde el lado opuesto.
Después de esta parada continuamos hacia uno de los puntos más icónicos de la ruta: la famosa carretera de Trollstigen, conocida también como la carretera de los trolls.
En la parte superior hay un área de visitantes donde se puede parar y caminar por varias pasarelas desde las que se observan tanto el valle como la cascada que cae por la montaña. Desde allí también se pueden ver muchas de las curvas cerradas que forman la carretera.
El descenso por Trollstigen es una de esas carreteras que impresiona bastante. La ruta serpentea por la montaña con numerosas curvas pronunciadas, mientras el paisaje se abre hacia el valle y las montañas que rodean toda la zona.
Durante el recorrido hicimos una pequeña parada en Trollstigen Camping para hacer algunas fotos con unas figuras de trolls que había allí.
Finalmente continuamos unos kilómetros más allá de Trollstigen, donde se encontraba nuestro alojamiento de esa noche. Nos alojábamos en un bungalow dentro de un camping rodeado completamente de montañas, un entorno muy tranquilo y bastante especial para terminar el día.
Además, esa noche el cielo estaba completamente despejado, lo que hizo que el paisaje de montaña se viera todavía más espectacular.
Geiranger
Día 7: Llegada a Lofoten
El séptimo día fue básicamente un día completo de transición, ya que dejábamos atrás la parte sur y centro de Noruega para desplazarnos hacia el norte del país, concretamente hacia las famosas islas Lofoten.
Para poder hacerlo tuvimos que combinar coche, avión y ferry en el mismo día, así que fue una jornada bastante logística.
Por la mañana salimos conduciendo en dirección a Trondheim, donde teníamos que devolver el coche de alquiler que habíamos utilizado durante los días anteriores.
Una vez llegamos a Trondheim aprovechamos para comer tranquilamente antes de dirigirnos al aeropuerto.
Nuestro vuelo salía a las 18:30 con destino a Bodø, que sería el punto desde el que accederíamos a las Lofoten. El vuelo se retrasó aproximadamente una hora, lo que nos generó algo de estrés porque al llegar aún teníamos que recoger el coche de alquiler y conducir hasta el puerto para coger el ferry.
Durante el vuelo, cuando ya nos acercábamos a la zona norte de Noruega, empezamos a ver desde la ventana cómo el paisaje cambiaba bastante respecto a lo que habíamos visto hasta ese momento. Se distinguía claramente el archipiélago formado por múltiples islas, con montañas que surgían directamente del mar y zonas donde se combinaban pequeños fiordos, lagos y algunas cumbres todavía cubiertas de nieve.
Una vez aterrizamos en Bodø recogimos el nuevo coche de alquiler y nos dirigimos directamente hacia el puerto para embarcar en el ferry que conecta el continente con las Lofoten.
El ferry sale desde Bodø y llega hasta Moskenes, ya dentro del archipiélago de las Lofoten.
Nuestro ferry salía a las 21:00 y llegaba aproximadamente a las 00:15.
Al embarcar, el coche se deja en la bodega del barco y los pasajeros suben a una zona interior del ferry. Desde allí también puedes salir a la cubierta exterior para ver el paisaje. En nuestro caso el trayecto fue completamente de noche, por lo que no se veía prácticamente nada del entorno.
Aun así, en algún momento durante la travesía empezamos a vislumbrar pequeños destellos verdosos en el cielo, algo que a simple vista apenas se distinguía pero que al mirar con el móvil parecía indicar que podían ser ya las primeras auroras boreales.
Pasada la medianoche llegamos finalmente a Moskenes. Desde allí solo nos quedaba conducir unos minutos hasta nuestro alojamiento, situado en el pequeño pueblo de Å i Lofoten.
Cuando llegamos al alojamiento y aparcamos el coche volvimos a mirar hacia el cielo y esta vez las formas eran mucho más claras. Se veían estelas más grandes con tonos grisáceos, y al hacer fotos con el móvil aparecían claramente colores verdes e incluso algunos tonos rojizos.
Efectivamente, estábamos viendo nuestras primeras auroras boreales del viaje.
Después de ese momento tocaba descansar, porque al día siguiente nos esperaba un día bastante intenso recorriendo las Lofoten.
Primeras Auroras Boreales
Día 8: Subida al Reinebringen y ruta por las Islas Lofoten
El octavo día de viaje fue realmente el primero que dedicamos a recorrer las islas Lofoten, así que comenzamos explorando tranquilamente los alrededores de donde nos alojábamos.
Nuestro alojamiento estaba en el pequeño pueblo de Å i Lofoten, en una de las típicas casitas rojas de pescadores construidas sobre el agua. Muchas de estas antiguas casas se han convertido hoy en alojamientos y la verdad es que dormir allí es toda una experiencia, ya que muchas de ellas se sitúan prácticamente sobre el mar.
Antes de empezar el día fuimos en coche hasta un pequeño parking cercano y desde allí caminamos hasta el mirador de Lisardø Nøwy Viewpoint y Pėkker Hendricsøn Viewpoint, desde donde se tienen muy buenas vistas del pueblo y del paisaje de montañas que lo rodea.
Después nos acercamos a recorrer el propio pueblo de Å, que en realidad es muy pequeño, pero tiene bastante encanto. Allí se encuentra también el Norwegian Fishing Village Museum, un museo dedicado a la tradición pesquera de la zona y al famoso stockfish, el bacalao que se seca al aire libre y que es uno de los productos más característicos de las Lofoten.
Después de desayunar y recorrer el pueblo, nos dirigimos hacia Reine, ya que teníamos previsto hacer una de las caminatas más famosas de las Lofoten: subir al Reinebringen.
Dejamos el coche en el pueblo y desde allí comenzamos la subida, que está perfectamente señalizada. La ruta no es muy larga en distancia, apenas unos 2 kilómetros, pero es bastante exigente porque prácticamente todo el recorrido consiste en subir 1978 escalones de piedra que ascienden por la ladera de la montaña.
Aunque la distancia es corta, la subida es intensa porque es constante y bastante empinada. Aun así, el camino es sencillo de seguir, ya que básicamente consiste en ir avanzando por las escaleras hasta llegar a la parte alta.
Desde arriba las vistas son realmente espectaculares. Se puede ver perfectamente el pueblo de Reine con sus casitas rojas junto al agua, las carreteras que conectan las pequeñas islas entre sí y varios fiordos y lagos rodeados por montañas.
Después de bajar de la montaña volvimos al pueblo de Reine para comer en uno de sus restaurantes.
Allí aprovechamos para probar algunos platos típicos de la zona. Probamos stockfish, que es el bacalao secado al aire tan característico de las Lofoten, además de otros platos como hamburguesa de reno y diferentes preparaciones de bacalao. En este caso nos dejamos aconsejar bastante por el camarero para elegir qué probar.
Después de comer continuamos la ruta en dirección a Hamnøy, una de las zonas más fotografiadas de las Lofoten. Durante este tramo fuimos parando en distintos puntos de la carretera donde las vistas nos parecían especialmente bonitas, ya que el paisaje en esta zona es realmente impresionante.
Más tarde continuamos hacia la playa de Ramberg Beach. Esta playa es bastante amplia y sorprende mucho por su arena blanca y el color turquesa del agua, algo que no parece muy propio de un paisaje ártico.
Allí estuvimos un rato paseando tranquilamente por la playa e incluso nos animamos a mojarnos los pies, aunque el agua estaba bastante fría.
Después de un día bastante completo y de la caminata al Reinebringen, estábamos ya bastante cansados, así que decidimos dirigirnos hacia nuestro alojamiento, situado en un pequeño pueblo junto a la costa.
Pueblo pesquero de Å
Día 9: Ruta por las Islas Lofoten y Henningsvær
El noveno día lo habíamos pensado inicialmente para hacer otra caminata por las Lofoten o alguna actividad al aire libre. Teníamos varias opciones en mente, como subir al Ryten, hacer la caminata hacia Kvalvika Beach o incluso intentar alguna actividad como kayak.
Sin embargo, ese día el tiempo no acompañó nada. Llovía bastante y el cielo estaba completamente cubierto, así que decidimos cambiar los planes y dedicar el día a recorrer algunos pueblos de las Lofoten en coche.
Nuestra primera parada fue el Lofotr Viking Museum, situado en el pequeño pueblo de Borg, en la isla de Vestvågøy.
Allí se encuentra una reconstrucción de una antigua casa vikinga junto con un museo que explica cómo era la vida en la época vikinga. En el interior se pueden ver diferentes objetos, armas, utensilios y exposiciones que muestran un poco la historia y la cultura de esta época.
Pasamos un rato visitando el museo y paseando por los alrededores antes de continuar con la ruta.
Después seguimos conduciendo hacia uno de los pueblos más conocidos de las Lofoten: Henningsvær.
El acceso al pueblo ya es curioso, ya que se llega atravesando varios puentes que conectan pequeñas islas entre sí.
Henningsvær es famoso sobre todo por su campo de fútbol situado prácticamente sobre el mar, una imagen muy conocida de las Lofoten vista desde arriba.
Aprovechamos para comer allí y probar nuevamente algunos platos típicos de la zona, como sopa de pescado, bacalao y otros platos tradicionales. Después dimos un pequeño paseo por el pueblo antes de continuar la ruta.
Por la tarde nos dirigimos hacia Svolvær, ya que desde allí salía el barco que habíamos reservado para continuar el viaje hacia el norte.
Antes de embarcar estuvimos paseando un rato por la zona del puerto y por Lamholmen, donde hay varios muelles, restaurantes y vistas al mar.
Por la noche embarcamos en el barco MS Polarlys de la compañía Hurtigruten.
Antes de embarcar dejamos el coche de alquiler en Svolvær, ya que a partir de ese momento continuaríamos el viaje hacia el norte en barco.
Este tipo de barcos funcionan como un crucero costero que conecta diferentes puertos de Noruega, haciendo paradas en varias ciudades a lo largo de la costa.
En nuestro caso lo utilizamos para desplazarnos desde Svolvær hasta Tromsø, pasando la noche a bordo mientras el barco continuaba su ruta hacia el norte.
Ramberg Beach
Día 10: Llegada a Tromsø
El décimo día lo empezamos todavía a bordo del barco de Hurtigruten, navegando por la costa del norte de Noruega en dirección a Tromsø.
Pasamos toda la mañana en el barco disfrutando tranquilamente del trayecto. Durante la navegación se puede salir a las cubiertas exteriores para ver el paisaje o simplemente relajarse en alguno de los salones interiores. El barco también tenía jacuzzis en la cubierta exterior, así que quien quería podía aprovechar para darse un baño mientras el barco avanzaba por la costa ártica.
Fue una mañana bastante tranquila, simplemente descansando, leyendo o paseando por el barco mientras avanzábamos hacia nuestro siguiente destino.
Sobre las 14:30 aproximadamente llegamos finalmente al puerto de Tromsø. Como ya habíamos comido en el barco antes de llegar, lo primero que hicimos fue dirigirnos al alojamiento para dejar las maletas y después salir a pasear por la ciudad.
Tromsø es una ciudad relativamente pequeña, así que decidimos simplemente recorrer el centro caminando y descubrirla poco a poco.
Comenzamos paseando por la zona más céntrica, recorriendo la calle comercial principal y algunas de las calles peatonales donde se concentran muchas tiendas y restaurantes. También nos acercamos a la Catedral de Tromsø, una iglesia de madera situada en pleno centro de la ciudad.
Desde allí seguimos caminando hacia el Museo Polar, que explica la historia de las expediciones polares y la vida en el Ártico.
Después continuamos paseando por la zona del puerto y por el paseo marítimo, disfrutando de las vistas del mar y de las montañas que rodean la ciudad.
En un momento del paseo cruzamos hacia la zona desde donde se puede ver bien la Catedral del Ártico, uno de los edificios más conocidos de Tromsø por su arquitectura moderna y su forma triangular.
El resto de la tarde lo dedicamos simplemente a callejear un poco por Tromsø, descubriendo algunos rincones de la ciudad y disfrutando del ambiente antes de continuar el viaje al día siguiente.
Tromsø
Día 11: Tromsø y búsqueda de auroras boreales
Después de varios días bastante intensos de viajes, coche y desplazamientos, decidimos dedicar otro día completo a Tromsø para descansar un poco y recorrer la ciudad con más calma.
Nos levantamos tranquilamente y salimos a pasear para seguir descubriendo otras zonas de la ciudad. Caminamos primero hacia la parte norte, acercándonos a la zona del lago Prestvannet, un pequeño lago situado en la parte alta de la isla desde donde se puede pasear y ver otra perspectiva de la ciudad.
Después volvimos hacia el centro pasando por algunos de los edificios más conocidos, como el Ayuntamiento de Tromsø y el Hålogaland Teater.
Más tarde cruzamos el puente hacia la zona de la famosa Catedral del Ártico, uno de los edificios más reconocibles de la ciudad por su arquitectura triangular. Esta vez entramos también en el interior para verla por dentro.
Después regresamos caminando al otro lado del puente, disfrutando de diferentes vistas de la ciudad, del puerto y de las montañas que rodean Tromsø.
De vuelta en el centro también hicimos una parada curiosa en Raketten Bar & Pølse, conocido por ser uno de los bares más pequeños del mundo.
Allí probamos uno de sus famosos hot dogs de reno, algo bastante típico de la zona. Eso sí, hay que tener cuidado con las gaviotas porque están muy atentas y no dudan en intentar robar la comida si te descuidas.
Después seguimos paseando por la calle principal de tiendas del centro, recorriendo tranquilamente la zona comercial.
La realidad es que Tromsø es una ciudad muy conocida por las excursiones de invierno, como tours para ver auroras boreales, salidas para observar ballenas o actividades con renos y cultura sami. Sin embargo, en nuestro caso todavía no era temporada alta para muchas de estas actividades, así que no había demasiadas opciones disponibles.
Como tampoco estaba siendo especialmente buen momento para las auroras, decidimos intentar verlas por nuestra cuenta.
Para ello alquilamos un coche durante unas horas a través de una aplicación de alquiler entre particulares y nos alejamos un poco de la ciudad buscando zonas con menos contaminación lumínica.
Estuvimos conduciendo y parando en distintos puntos durante un rato, mirando al cielo con paciencia. Finalmente conseguimos ver unas auroras bastante suaves, muy finitas, pero suficientes para poder apreciarlas y sacar algunas fotos.
Después de pasar un rato observándolas, regresamos al alojamiento para descansar y prepararnos para la siguiente etapa del viaje.
Bar de hot dogs
Día 12: Ruta hacia Honningsvåg y Cabo Norte
El día doce fue probablemente el día con más horas de conducción de todo el viaje, ya que nuestro objetivo era llegar hasta la zona más al norte de la Europa continental: el Nordkapp, o al menos hasta el pueblo de Honningsvåg, situado muy cerca de allí.
Nos esperaban alrededor de diez horas de coche, así que decidimos salir bastante temprano desde Tromsø y tomarnos la ruta con calma, haciendo varias paradas durante el camino.
Durante buena parte del trayecto el paisaje seguía siendo muy bonito, con fiordos y montañas acompañando la carretera. Sin embargo, a medida que avanzábamos hacia el norte empezamos a notar cómo el paisaje iba cambiando poco a poco. Los colores empezaban a ser más otoñales, con tonos rojizos y amarillentos en la vegetación, y el entorno se volvía cada vez más abierto y menos abrupto que en las zonas del sur.
Fuimos haciendo algunas paradas para descansar y disfrutar de las vistas hasta que llegamos a Alta, donde aprovechamos para parar a comer antes de continuar el viaje.
Después seguimos conduciendo hacia el norte en dirección a Kvalsund. A partir de esta zona el paisaje volvió a cambiar bastante y el terreno se volvía más abierto y de tonos más rojizos, con menos vegetación alta y una sensación de estar entrando en un territorio más ártico.
Cuando ya estábamos acercándonos al final de la ruta nos encontramos con algo que todavía no habíamos visto durante todo el viaje: renos cruzando la carretera. Tuvimos que reducir la velocidad y parar un momento mientras algunos de ellos caminaban tranquilamente por la carretera. Aprovechamos también para observarlos un rato desde cerca antes de continuar.
Finalmente llegamos por la noche al pequeño pueblo de Honningsvåg, después de un día largo de carretera.
Una vez instalados en el alojamiento salimos a cenar a un restaurante del pueblo, donde probamos carne de ballena, una de las carnes que todavía se consume en algunas zonas del norte de Noruega.
Más tarde volvimos al alojamiento y estuvimos un rato en la terraza observando el cielo, ya que esa noche se preveía bastante actividad de auroras boreales.
Aunque el cielo estaba algo nublado, esa fue probablemente la noche en la que más intensas las vimos durante todo el viaje. A simple vista ya se apreciaban mejor que en otras ocasiones, aunque no llegaron a ser tan espectaculares como esperábamos.
Aun así, estábamos bastante contentos de poder verlas una vez más. Además, mientras estábamos allí observando el cielo, volvieron a aparecer renos cerca del alojamiento, caminando tranquilamente por la zona, lo que hizo que el momento fuera aún más especial.
Últimas auroras boreales desde Honningsvåg
Día 13: Cabo Norte
Este fue el día en el que finalmente cumplíamos el sueño de mi madre: llegar hasta el Nordkapp, conocido como Cabo Norte, uno de los puntos más septentrionales de Europa.
Después de desayunar tranquilamente en el hotel en Honningsvåg, cogimos el coche y condujimos hasta el cabo, que se encuentra a unos 30 minutos aproximadamente.
Al llegar, lo primero que se ve es el famoso monumento del globo terráqueo, que marca simbólicamente este punto del mapa. Allí estuvimos un buen rato paseando, haciendo fotos y disfrutando del paisaje del acantilado sobre el mar de Barents.
En la zona también hay varios elementos curiosos, como algunos monolitos que explican la historia del lugar y el monumento Children of the Earth, formado por varias esculturas creadas a partir de dibujos realizados por niños de diferentes partes del mundo.
Después de pasar un rato recorriendo el lugar y disfrutando del momento, empezamos el camino de vuelta hacia el sur, ya que al día siguiente teníamos que regresar hacia Tromsø para coger nuestro vuelo.
La jornada volvió a ser bastante de carretera, aunque esta vez sin prisas, haciendo paradas cuando nos apetecía.
Una de ellas fue en Skarsvåg, un pequeño pueblo cercano donde vimos un reno muy pequeño y también una tienda de recuerdos con productos inspirados en la cultura sami.
Seguimos conduciendo tranquilamente hasta llegar a Alta, donde hicimos una parada para visitar el Alta Rock Carvings.
Este lugar es un museo al aire libre donde se pueden ver antiguas pinturas rupestres grabadas en la roca, algunas de ellas con miles de años de antigüedad. El recorrido se hace caminando por unas pasarelas de madera que recorren la zona mientras se van viendo las diferentes figuras y explicaciones sobre la historia del lugar.
Después de esta visita continuamos conduciendo dirección Tromsø, aunque esa noche nos alojamos en algún punto intermedio entre Alta y Tromsø para dividir un poco el trayecto del día siguiente.
Fue un día bastante tranquilo de carretera, pero también uno de los más especiales del viaje por haber alcanzado finalmente el punto más al norte de toda la ruta.
Nordkapp (Cabo Norte)
Día 14: Regreso desde Tromsø
El último día del viaje ya tocaba empezar el regreso a casa.
Nuestro vuelo de vuelta salía desde Tromsø, con escala en Oslo antes de continuar hacia España. Así que por la mañana nos dirigimos tranquilamente hacia Tromsø para aprovechar nuestras últimas horas en el norte de Noruega.
Antes de ir al aeropuerto dimos un último paseo por la ciudad, recorriendo algunas de las calles del centro y disfrutando del ambiente tranquilo del puerto.
También aprovechamos para comer con calma en Tromsø antes de dirigirnos al aeropuerto y despedirnos de Noruega.
Por la tarde comenzaba el viaje de regreso: primero el vuelo hacia Oslo y después el tramo final hasta España.
Así terminaba esta ruta de 14 días recorriendo Noruega desde Oslo hasta Cabo Norte, un viaje lleno de paisajes espectaculares, carreteras panorámicas, fiordos, pueblos pesqueros y experiencias que difícilmente se olvidan.
Olderdalen
MAPA
A continuación puedes ver el mapa con el recorrido completo que hicimos durante estos 14 días viajando por Noruega, desde Oslo hasta Cabo Norte, pasando por algunos de los fiordos más famosos y las islas Lofoten.
QUÉ CAMBIARÍA SI REPITIERA ESTA RUTA POR NORUEGA
Después de un viaje así siempre te quedas pensando qué cosas harías diferente si lo volvieras a organizar. En mi caso, aunque la ruta me encantó y cumplimos el objetivo de llegar hasta Nordkapp, sí hay algunas cosas que probablemente cambiaría.
Lo primero sería dedicar más tiempo a las Islas Lofoten. Fue una de las zonas que más me gustó de todo el viaje y me quedé con la sensación de que aún quedaban muchas cosas por hacer: más caminatas, más playas y más pueblos por descubrir. Aunque el archipiélago no es muy grande, tiene muchísimo que ofrecer y creo que merece la pena explorarlo con más calma.
También intentaría reducir algunas jornadas con tantas horas de coche. Ya sabía desde el principio que iba a ser un viaje bastante intenso porque la idea era recorrer Noruega de sur a norte y llegar hasta Cabo Norte, pero eso implica bastantes kilómetros y días largos de carretera.
En cuanto a actividades, hay algunas que personalmente no repetiría. Por ejemplo, el tren panorámico Flåmsbana. Está bien como experiencia, pero después de recorrer el país vi paisajes incluso más espectaculares desde la propia carretera, así que probablemente aprovecharía ese tiempo para avanzar en la ruta o dedicarlo a otro lugar.
El minicrucero por el Nærøyfjord sí que me gustó bastante, así que ese seguramente sí lo mantendría.
Si volviera a organizar la ruta, probablemente aprovecharía más el sur para hacer alguna caminata más larga, como subir a Trolltunga, que es una de las rutas más famosas del país. Después continuaría hacia zonas como Geiranger y la carretera de Trollstigen y desde allí intentaría reorganizar el viaje para ir directamente hacia las Lofoten y pasar allí más días.
También es posible que no hubiera ido a Tromsø en esta época del año. Creo que es un destino que tiene mucho más sentido en invierno, cuando se pueden hacer actividades como excursiones para ver auroras boreales, trineos de perros o experiencias con renos. En septiembre, en cambio, sentí que había menos cosas que hacer.
Aun así, llegar hasta Cabo Norte era una parte muy importante de este viaje, así que esa parte de la ruta no la cambiaría.
PRESUPUESTO APROXIMADO DEL VIAJE A NORUEGA
Noruega es uno de los países más caros de Europa, algo que conviene tener en cuenta antes de organizar el viaje. Aun así, planificando bien la ruta y combinando algunos gastos (como alojamientos sencillos o compras en supermercado) se puede hacer un viaje bastante completo sin que el presupuesto sea tan desorbitado como parece.
Para que te hagas una idea, este fue el coste aproximado de nuestro viaje de 14 días recorriendo Noruega de sur a norte hasta Cabo Norte.
Vuelos
Nosotros pagamos aproximadamente 500€ por persona, aunque este precio puede variar bastante según la época del año y la flexibilidad con las fechas. Reservando con antelación o viajando en temporada media es posible encontrar vuelos más baratos.
Alquiler de coche
Durante el viaje alquilamos coche tres veces, ya que íbamos haciendo la ruta por diferentes zonas del país. Además, necesitábamos un coche grande porque viajábamos cinco personas, lo que también encarece el precio.
Si viajáis menos personas y podéis alquilar un coche más pequeño, el coste suele ser bastante más bajo. También hay que tener en cuenta que devolver el coche en una oficina distinta suele aumentar el precio.
Alojamiento
En Noruega hay opciones muy variadas: desde cabañas tradicionales o rorbuer (cabañas pesqueras) hasta hoteles o apartamentos.
En nuestro caso pagamos aproximadamente entre 35€ y 70€ por persona y noche, dependiendo de la zona y del tipo de alojamiento. Al viajar en coche teníamos bastante flexibilidad para elegir lugares un poco más alejados y ahorrar algo.
Comida
Comer en restaurantes en Noruega es caro. Una comida sencilla puede costar a partir de 25€ por persona, y los desayunos también suelen tener precios elevados.
Para ahorrar bastante dinero, una buena opción es comprar en supermercados y preparar algunos desayunos o comidas.
Actividades
Muchas de las mejores experiencias en Noruega son gratuitas (senderismo, miradores, paisajes naturales).
Aun así, algunas actividades como cruceros por los fiordos, trenes panorámicos o excursiones organizadas suelen costar desde unos 50€ por persona o más.
Presupuesto final
Con todo esto, un viaje de dos semanas por Noruega puede costar aproximadamente entre 2.000€ y 3.000€ por persona, dependiendo del tipo de alojamiento, del coche y de las actividades que hagas.
En nuestro caso, el gasto total fue de unos 2.700€ por persona, incluyendo vuelos, alojamiento, transporte, comida, gasolina y actividades.
CONCLUSIÓN DEL VIAJE
Este viaje por Noruega fue intenso desde el principio. Ya sabíamos que lo sería: muchos kilómetros, muchas horas de coche y bastantes cambios de alojamiento. Pero también teníamos claro el objetivo: recorrer el país de sur a norte y llegar hasta Cabo Norte.
Probablemente, si no hubiéramos tenido ese objetivo final, habríamos podido hacer la ruta de una forma más relajada, dedicando más tiempo a cada zona. Aun así, elegimos hacerlo así porque queríamos ver la mayor parte posible del país en un solo viaje, y la verdad es que no nos arrepentimos.
Noruega nos encantó. Sus paisajes son simplemente espectaculares: los fiordos, las carreteras panorámicas, las montañas cayendo sobre el mar, los pequeños pueblos pesqueros y esa sensación constante de naturaleza salvaje.
Si tuviéramos que quedarnos con una zona en especial, probablemente serían las Islas Lofoten. Aunque el archipiélago no es muy grande, hay muchísimo por hacer y el paisaje es realmente impresionante. Es, sin duda, un lugar al que volveríamos para explorarlo con más calma.
En definitiva, fue un viaje intenso pero increíble, lleno de momentos y paisajes que difícilmente se olvidan. Y si algo tenemos claro después de recorrer Noruega durante estos 14 días es que siempre quedan motivos para volver.
Al final, más allá de los kilómetros recorridos, lo más especial de este viaje fue cumplir el sueño de mi madre: llegar juntas hasta Cabo Norte.